
Texto enviado por Mónica Demb, desde Ashkelon:
Estoy cocinando. ¿Qué hago, pico la cebolla o la proceso? ¿Cuándo sonará la alerta de bombardeo, cuántas habrá hoy? Me faltaría comprar alguna bebida, pero salir para eso….mejor tomo agua, es más sano. ¿De qué ingrediente me olvido? Es difícil concentrarse cuando no se sabe qué va a pasar y cuándo?
Esto lleva 4 días y habrá que acostumbrarse a vivir en tensión, a dormir cuando se pueda, de a ratos, con un ojo abierto y otro cerrado. Bueno, igual no hay mucha diferencia, en los últimos años, y sobre todo en los últimos días, antes de declarar la guerra, ya lo veníamos sufriendo, tanto en Ashkelon, donde estoy, como en Shderot, y todas las zonas de alrededor, muy cercanas a la Franja de Gaza. Trato de acordarme cuándo fue que se instalaron los sistemas de alerta roja, en Ashkelon y ya no me acuerdo, tal vez 2 años, no sé, antes era peor, no te enterabas hasta que caía y escuchabas el ruido y las sirenas sonaban después, pero eran de ambulancias.
Los 15 segundos que tenemos entre la alerta roja y la caída del misil, por lo menos te dan tiempo a intentar protegerte. Si estás en tu casa, agarrás el celular, los chicos, el perro, lo que tengas y entras en la habitación de seguridad. Si estás en la calle, porque saliste a trabajar , al médico, a comprar comida, remedios o a pasear, buscás un lugar donde poder entrar a cubrirte. Si estás en el colectivo o en el auto, parás, te bajás y corrés, alejándote del vehículo, por si explota, y te tirás al piso y te tapás la cabeza. Claro que no te da tiempo a fijarte si el piso está seco, mojado, limpio o sucio. Por suerte los perros no hacen sus necesidades en las veredas acá, en Buenos Aires sería más complicado. Es un consuelo.
Parece increíble, después de 10 mil misiles Kasam , de fabricación casera, pero que matan igual, (qué habilidad para hacer manualidades), y de muchos Grad, que no son caseros, pero explotan y largan esquirlas para todos lados, llegó el día de la respuesta, y es contundente, contra el Hamas, terrorismo islámico.
Pobre gente la de la Franja de Gaza, no tienen la suerte que tengo yo. Saber leer, por ejemplo, me permite conocer la carta de los derechos humanos, el haber recibido una educación me permite tener mis propias e ideas, y no dejarme llevar por las ideas de otros, no dejarme envolver por alguien que me hable de religión, me lea lo que quiere y me lo de ya interpretado como quiere, como sucede en las escuelas coránicas. Nadie me puede decir que si me suicido en pos de una causa, me van a esperar el paraíso.
Es una suerte ser libre, es una suerte ser ciudadano y no refugiado. Tal vez va siendo hora de que se declare un Estado palestino, que se les dé dignidad de ciudadanos, con derechos y obligaciones, que se ocupen de generar sus propios ingresos y no reciban “ayuda humanitaria”, el disfraz de la limosna, la forma que el mundo desarrollado tiene de lavar sus culpas. Quizás sea el tiempo de que reciban un documento, un pasaporte, una ciudadanía, que puedan transitar, que paguen su luz y sus impuestos. Porque yo pago muchos impuestos y de luz; pero a ellos la luz se la tiene que pagar Israel, porque no sería “humanitario” cortarles el suministro, pero sí es humanitario que yo sufra los ataques y pague.
Ah, me olvidaba, estos días no puedo ir a trabajar. ¿Hasta cuándo será? Qué bueno, me quedo en casa, calentita (fuera hace un frío), pero hay un detalle: no cobro un centavo por estos días. O sea, pierdo plata. ¿Me llegará a mí la ayuda humanitaria? No creo. Supuestamente, yo formo parte del bando que no necesita nada, o que se puede embromar sin que al mundo le importe.
Estaría bueno que los palestinos tuvieran un Estado, que fueran considerados humanos con derechos, seres libres y que, si quieren pelear, lo hagan sin esconder la mano después de tirar la piedra. Hacerlo de Estado a Estado, no de Estado a población de refugiados. Ah claro, me acordé, lo que pasa es que por ahí, a los dirigentes no les conviene que sea declarado el Estado palestino, porque dejarían de recibir dinero por cada refugiado, ayuda internacional, me refiero, y un día sería bueno saber cuánta de esa plata se quedan los dirigentes. No está mal averiguar. Claro, habría que hacerlo por Internet, pero el pueblo palestino no usa la web porque el Corán lo prohíbe, pero no se lo prohíbe a los dirigentes.
Ayer (por el lunes 29), en Ashkelon, la ciudad donde vivo, tuvimos la primera víctima de un misil Grad, que cayó en la obra en construcción de lo que va a ser la nueva biblioteca publica de la ciudad. Hubo 1 muerto y 8 heridos, todos musulmanes. Qué paradoja, eran todos palestinos que vienen a trabajar. Habrá que ver qué pasa hoy, los dejo, suena la sirena.
